domingo, 13 de enero de 2008

La vuelta al "RUEDO"

Llevo de vacaciones desde el 28 de Diciembre, si, ya ni me acuerdo de que me separan treintaytantos kilómetros del trabajo, pero mañana pongo el autómata y en tres cuartitos de hora me deja en la misma puerta!!, bueno, eso si me acuerdo de dónde aparqué el coche la última vez que lo utilicé... Me veo mañana vagando por las calles enfundada en mis tacones altísimos (adios, queridas botas cómodas, planas, de mis mas preciadas londinenses adquisiciones).

Pero como yo soy una mujer muy divina de la muerte, glamurosa donde las haya, me he levantado esta mañana al sol brillante de las 10:30 (es que ayer tuve cumpleaños) y he hecho mis planes mañaneros: Esta tarde me doy un paseo por la Casa de Campo y luego voy a ver si me paso por Plaza de España para ver la última de Angg Lee, "Deseo, Peligro" y vuelvo andando a casa mientras pienso en la peli.

Fantásticos planes.

Si.

Y planchando ha transcurrido mi tarde, con mi ropa de andar por casa y los pelos recogidos de una manera que habría hecho arrepentirse a los que me han venido besando últimamente. Por que yo soy una mujer glamurosa. Pero claro, la torre de ropa sin planchar acumulada durante las vacaciones me ha susurrado al oido, "Venga, Nena, plánchame!", y claro, no me ha quedado mas remedio.

Pero no es culpa mía, por que si no me hubiera dado por poner la casa patasarriba buscando "La Invitada", no me habría topado con la montaña de ropa, perfectamente oculta. Y ahora ya está claro, mis libros se independizan, por que desaparecen sin dejar rastro.

Y planchando y planchando NO he pensado en lo mucho que me habría gustado ir el jueves al conciertillo de los Fountains of Wayne en la Joy. No, no he pensado en que la cordura y el autocontrol me hacen ser responsable y decidir libremente NO ir a un concierto que puede que nunca se repita. MALDICIÓN!!

Y encima tengo que poner la tele justo cuando la alcaldesa de Hernani deleita a su público con dulces palabras.

sábado, 12 de enero de 2008

Suma y sigue

Ayer tuve una tarde movidita, discutí con Carlos y tuve una incomodísima revelación por parte del que consideraba mi único y verdadero amigo (del género masculino).

Con Carlos es la misma historia de siempre, a pesar de que trato de poner distancia sin que ello suponga tener que romper de una manera drástica, parece que va a tener que ser la única manera.

Él se conectó al MSN y empecé a contarle la historia que me pasó el miércoles y a la que no pretendía dar mas vueltas, pero haré un resumen.

Había quedado con un compañero de trabajo y amigo para ir al cine. Este chico me está ayudando a mover mi currículum dentro de la empresa ya que mi situación dentro de mi departamento se hace insostenible (a saber, tengo que aguantar contínuamente de mi jefe comentarios sexuales y muy groseros hacerca de mi persona. Lo comenté con mucha mano izquierda con su jefe y éste me dijo "mujer, son piropos"). Estuvimos tomando una copa y charlando acerca de nuestras desventuras amorosas, como tantas y tantas veces, yo le expuse lo desencantada que estoy y lo perdida que me encuentro en este momento, que no tengo ningunas ganas de empezar una relación y que me siento como un filete en una jaula de leones tras el episodio con "el guiri", que a pesar de mis millones de negativas, tuvo la extraordinaria falta de respeto de arrancarme un penosísimo beso tras una quedada de intercambio de conversación.

Después de semejante perorata, el tío me agarró y me dió un beso, digo beso por no decir morreo en toda regla. Pero lo sorprendente de la situación es que él se sintió ofendido por que mis intenciones no eran las mismas que las suyas y le duele pensar que yo "no siento atracción por él".

Esto es lo que le estaba contando a Carlos y él me repetía "cariño, es que tú estas muy buena", y continuó haciendo algún comentario sesgado acerca de lo estupendo que sería hacerme un masaje. Como era de esperar, monté en cólera y le dije que si acaso no entendía lo que le estaba contando, que si pretendía participar del momento haciéndome sentir también como un filete.

Tuvimos una larguísima discusión en la que volvió a sacar el eterno tema de lo que habría sido de nosotros si yo le hubiera dado la oportunidad de demostrarme lo que él podría darme.

Me puse a llorar tan desconsoladamente como hacía mucho tiempo, me sentía tremendamente frustrada, agotada, desamparada y con ningunas ganas de seguir luchando en esa guerra.

Pero la noche no había acabado ahí, por que había quedado con mi amigo Ivan. Cuando llegó tenía la cara hecha un mapa, los ojos mas parecían dos huevos fritos con salsa de tomate. Así que nos abrimos unas cervezas y le conté cómo me sentía, mi frustración y mi desamparo.

El momento culminante de la noche, momento en el cuál recobré totalmente la compostura y sentí ese momento de clarividencia y equilibrio emocional, fué cuando Iván me dijo la amistad entre hombres y mujeres no existe, es mas, él mismo pretende traicionar nuestar amistad en cuanto yo recobre la cordura tras estos fatídicos últimos años.

Es posible que me haya pasado la vida queriéndo hacer del mundo algo que no es y negando la pura realidad.

Es como si despertase al mundo tras veinte años de coma y no reconociera nada ni nadie, me he despertado en un mundo hostíl en el que no puedo confiar en los que yo consideraba "mis amigos".

Al menos soy consciente de que soy dueña de mi propia vida y no pestañeo eliminando de mi existencia los elementos negativos.Pero estoy agotada, necesito una pequeña tregua, tan solo me consuela la sospecha de que tras todo esto, se esconde una vida en la que todo cobre sentido, en la que yo asuma las reglas reales del juego y no las que yo me invente para mi falsa conveniencia. Sospecho que está cerca el final de esta lucha.

jueves, 10 de enero de 2008

PATENTE DE CORSO, por Arturo Pérez-Reverte

Permitidme tutearos, imbéciles

Cuadrilla de golfos apandadores, unos y otros. Refraneros casticistas analfabetos de la derecha. Demagogos iletrados de la izquierda. Presidente de este Gobierno.

Ex presidente del otro. Jefe de la patética oposición. Secretarios generales de partidos nacionales o de partidos autonómicos. Ministros y ex ministros –aquí matizaré ministros y ministras– de Educación y Cultura. Consejeros varios. Etcétera.

No quiero que acabe el mes sin mentaros –el tuteo es deliberado– a la madre. Y me refiero a la madre de todos cuantos habéis tenido en vuestras manos infames la enseñanza pública en los últimos veinte o treinta años. De cuantos hacéis posible que este autocomplaciente país de mierda sea un país de más mierda todavía.

De vosotros, torpes irresponsables, que extirpasteis de las aulas el latín, el griego, la Historia, la Literatura, la Geografía, el análisis inteligente, la capacidad de leer y por tanto de comprender el mundo, ciencias incluidas.

De quienes, por incompetencia y desvergüenza, sois culpables de que España figure entre los países más incultos de Europa, nuestros jóvenes carezcan de comprensión lectora, los colegios privados se distancien cada vez más de los públicos en calidad de enseñanza, y los alumnos estén por debajo de la media en todas las materias evaluadas.

Pero lo peor no es eso. Lo que me hace hervir la sangre es vuestra arrogante impunidad, vuestra ausencia de autocrítica y vuestra cateta contumacia.

Aquí, como de costumbre, nadie asume la culpa de nada. Hace menos de un mes, al publicarse los desoladores datos del informe Pisa 2006, a los meapilas del Pepé les faltó tiempo para echar la culpa de todo a la Logse de Maravall y Solana –que, es cierto, deberían ser ahorcados tras un juicio de Nuremberg cultural–, pasando por alto que durante dos legislaturas, o sea, ocho años de posterior gobierno, el amigo Ansar y sus secuaces se estuvieron tocando literalmente la flor en materia de Educación, destrozando la enseñanza pública en beneficio de la privada y permitiendo, a cambio de pasteleo electoral, que cada cacique de pueblo hiciera su negocio en diecisiete sistemas educativos distintos, ajenos unos a otros, con efectos devastadores en el País Vasco y Cataluña.

Y en cuanto al Pesoe que ahora nos conduce a la Arcadia feliz, ahí están las reacciones oficiales, con una consejera de Educación de la Junta de Andalucía, por ejemplo, que tras veinte años de gobierno ininterrumpido en su feudo, donde la cultura roza el subdesarrollo, tiene la desfachatez de cargarle el muerto al «retraso histórico».

O una ministra de Educación, la señora Cabrera, capaz de afirmar impávida que los datos están fuera de contexto, que los alumnos españoles funcionan de maravilla, que «el sistema educativo español no sólo lo hace bien, sino que lo hace muy bien» y que éste no ha fracasado porque «es capaz de responder a los retos que tiene la sociedad», entre ellos el de que «los jóvenes tienen su propio lenguaje: el chat y el sms». Con dos cojones.

Pero lo mejor ha sido lo tuyo, presidente –recuérdame que te lo comente la próxima vez que vayas a hacerte una foto a la Real Academia Española–. Deslumbrante, lo juro, eso de que «lo que más determina la educación de cada generación es la educación de sus padres», aunque tampoco estuvo mal lo de «hemos tenido muchas generaciones en España con un bajo rendimiento educativo, fruto del país que tenemos».

Dicho de otro modo, lumbrera: que después de dos mil años de Hispania grecorromana, de Quintiliano a Miguel Delibes pasando por Cervantes, Quevedo, Galdós, Clarín o Machado, la gente buena, la culta, la preparada, la que por fin va a sacar a España del hoyo, vendrá en los próximos años, al fin, gracias a futuros padres felizmente formados por tus ministros y ministras, tus Loes, tus educaciones para la ciudadanía, tu género y génera, tus pedagogos cantamañanas, tu falta de autoridad en las aulas, tu igualitarismo escolar en la mediocridad y falta de incentivo al esfuerzo, tus universitarios apáticos y tus alumnos de cuatro suspensos y tira p'alante.

Pues la culpa de que ahora la cosa ande chunga, la causa de tanto disparate, descoordinación, confusión y agrafía, no la tenéis los políticos culturalmente planos. Niet.

La tiene el bajo rendimiento educativo de Ortega y Gasset, Unamuno, Cajal, Menéndez Pidal, Manuel Seco, Julián Marías o Gregorio Salvador, o el de la gente que estudió bajo el franquismo: Juan Marsé, Muñoz Molina, Carmen Iglesias, José Manuel Sánchez Ron, Ignacio Bosque, Margarita Salas, Luis Mateo Díez, Álvaro Pombo, Francisco Rico y algunos otros analfabetos, padres o no, entre los que generacionalmente me incluyo.

Qué miedo me dais algunos, rediós. En serio. Cuánto más peligro tiene un imbécil que un malvado.

martes, 8 de enero de 2008

Año nuevo, mismas rutinas

Estos últimos cuatro días los he pasado con una amiga que ha venido de visita y he acabado agotada. Nada mas llegar me dieron una inesperada noticia, una pequeña bofetada de realidad que me devuelve una mirada clara de mi propia ingenuidad, de mi absurda confianza en irrealidades.

Se supone que a mis años tengo la suficiente información y capacidad para interpretarla como para no dejarme vagar por mundos falsos, pero yo siempre me hago eso a mi misma.Mi amiga me dijo que yo soy de esas personas que no cierra una puerta hasta haber quedado totalmente destruida y por eso me cuesta tanto arrancar después. Es totalmente cierto, lo hago muchas veces.

Ella me ha regalado momentos de besos, cuchicheos, sobeteos y un sinfín de empalagos con su nuevo novio, lo cuál no ha ayudado mucho.

A pesar de que no hemos parado en los cuatro días, con sus noches, me queda un regustillo amargo y una gigantesca pereza por lo que me queda por delante. Me vuelvo a ver a mi misma delante del precipicio de mi propia realidad, esto es, podría dejarme caer al vacío o podría emprender el largo camino de regreso hacia la civilización. Me estoy manteniendo alejada del vértigo, pero es de noche y no se a dónde ir, no se cuál es el camino y tengo la sensación de llevar eternidades en medio de la oscuridad cayendo y volviendo a subir de ese vacío, de ese precipicio del cuál no conozco el fondo.

Estoy totalmente agotada y, si no fuera por la promesa del equilibrio y la felicidad, no encontraría sentido a este largo viaje.

viernes, 4 de enero de 2008

La cola del cocodrilo

La soledad es el patrimonio de la edad adulta, si así ha sido siempre establecido, pero yo había sido solitario desde mi infancia y extraño al mundo desde que abordé a las riveras del Nilo y no tuve que acostumbrarme a la soledad, como tantos otros, si no que la soledad era para mi un hogar y un refugio en las tinieblas.

... y, sin embargo, no me siento sola, me siento autónoma, autosuficiente y contenta de estar dónde y como estoy.

sábado, 29 de diciembre de 2007

Escenas de matrimonio

Como en ese deplorable programa de la tele, supongo que por eso me repugna tanto... rebuscando en el ordenador viejo he encontrado esto:

"El sonido de la alarma perturba mi reposo. Apenas puedo escucharla y, sin embargo, cambia el rumbo de mis pesadillas. Una entidad humana sin rostro acerca su brazo hasta mí sin llegar a rozarme, siento frío y miedo, el mundo es gris y no siento a nadie, nadie puede verme.

Acabo de morir en un accidente, pero yo no siento nada, no se qué hacer, no se a dónde ir, ya no tengo miedo. Se que estoy atrapada hasta que consiga encontrar mi cuerpo pero, ¿para qué?, no tiene sentido, cuando encuentre mi cuerpo, ¿qué?, se que he muerto en un accidente, en la montaña, al chocar contra un árbol, eso si lo se, pero no recuerdo nada del accidente.

Ahí comenzó una angustiosa búsqueda a través de lugares desconocidos, de gente sin rostro que no podía verme. Encontré mi cuerpo dentro del coche, me acercaba pero no conseguía llegar cuando, de repente, desperté.

Él estaba entrando en ese momento, escuché sus pasos dirigirse hacia el cuarto de baño. Miré la hora en el reloj digital, eran las cuatro de la mañana. Entró en la habitación quitándose la ropa, podía oler ese fuerte olor a tabaco tatuado en la ropa. Venía de estar con ella, como casi todos los días.

Cuando se tumbó en la cama pude sentir en mi cabeza su transpiración, ácida, corrompida como el vómito, ese olor incrustado en mi cerebro tras tantas veces, un aliento que podía definir nuestro ya inexistente amor.

No se muy bien si se quedó dormido o venía ya inconsciente. Se tumbó en la cama, boca abajo, con los brazos extendidos ocupando todo el espacio. Yo me quedé inmóvil, sin saber qué hacer. Traté de empujar su inerte cuerpo hacia un lado, pero no podía, grité, pero no podía escucharme, volví a gritar, pero nada sucedió. Rompí a llorar, sentada en el borde de la cama, agarrando mis pobres piernas, balanceándome. No podía hacer nada.

Esa sensación de impotencia se convirtió repentinamente en un ataque de ira, empecé a empujarle hacia el otro lado de la cama, era inútil, estaba inconsciente. Pensé que, si le tiraba de la cama, se despertaría, y así lo hice, rodé su cuerpo hacia el borde de la cama, pero en cuanto él sentía el vacío bajo su cuerpo, en un acto inconsciente, se aferraba, de nuevo, a la cama haciendo absurdos todos mis esfuerzos.

Me levanté de la cama y comencé a dar vueltas por la habitación intentando recordar cómo había podido llegar hasta ahí, por qué me había hecho aquello a mi misma. Necesitaba hacer salir todo aquél dolor de alguna manera de mi ser, necesitaba sentir un dolor físico que me hiciera salir de aquella pesadilla, una punzada, un golpe, una bofetada..., sentía que mi interior estaba a punto de estallar estrellando mis entrañas contra las paredes azules de la habitación.

¿Por qué me había aferrado a ese mundo?, ¿por qué continuaba ese camino?. Todavía podía recordar los momentos de infancia en los que imaginaba mi vida sola, tranquila, segura, fuerte, sólida... pero nada había sucedido de esa manera, más bien al contrario. Estaba atrapada en una realidad inexistente de puro absurda. Nada tenía sentido. Ni siquiera me dolía saber que él había vuelto a pasar la noche con ella. No me dolía una nueva borrachera ni la responsabilidad de tener que llamar a su madre por la mañana para que fuera a despertarlo de su coma y que no le echaran del trabajo, no, era un miércoles como otro cualquiera.

Era mi Nada puesta sobre la mesa, ya no estaba sola, sencillamente, había dejado de existir y esa angustia pugnaba por salir de mi cuerpo materializándose en el dolor que merecía sentir, por que me había traicionado.

Como en una especie de ensoñación, comencé a llenar la bañera, ya debían ser las cinco y el mundo había desaparecido a mí alrededor. No existía el despertador, que habría de sonar una hora y cuarto mas tarde, no era mi casa, ni mi mundo, actuaba inconsciente de pura lógica por que sabía lo que tenía que hacer. Una lucidez que me hacía actuar, no era una lógica consistente, era la pura realidad.

La bañera se había llenado de agua caliente, calmosa y tranquila y yo, desnuda, me sumergí sintiendo el calor entrando en mi cuerpo, por todos mis poros, haciendo flotar mí angustia.

Había cogido la vieja cuchilla que guardaba para depilarme, la puse sobre el borde de la bañera y sumergí la cabeza, cerré los ojos bajo el agua y pude verme flotar en el océano azul, mi cuerpo pesaba y me arrastraba hasta el fondo, entonces, saqué la cabeza y abrí los ojos dejando entrar en mi cabeza la luz naranja del cuarto de baño. El color de la tristeza, una fotografía en sepia de lo que nunca debió suceder.

Cogí la cuchilla y la hundí en mi muñeca. Un escalofrío de dolor y liberación recorrió todo mi cuerpo, poco a poco mi sangre comenzó a teñir de color esa penumbra anaranjada. Empecé a sentir una profunda calma al dejar salir de mi todo ese mal, unas lágrimas de agradecimiento asomaron en mis ojos. Me sentía feliz, estaba haciendo lo que tenía que hacer, por fin podía escapar de ese camino sin regreso que había escogido algún día traicionando todo aquello en lo que creía, traicionando mi vida. Nada podía hacer al respecto, no existen los caminos de regreso ni las segundas oportunidades.

Por fin pude descansar."

jueves, 27 de diciembre de 2007

Si hay que hablar de la navidad, se habla y punto.

Bueno, pues venga, voy a escribir sobre las navidades, bueno, “mis” navidades, que no escapan de la tónica surrealista de mi existencia, así que, paso a relataros los últimos acontecimientos.

El sábado pasé el día en Ávila con mi amigo Carlos, estuvimos paseando por la ciudad y nos comimos unos chuletones que no valían, ni por asomo, su precio. Lo pasamos bien, aunque claro, con Carlos siempre surgen las dudas sobre si debo o no debo seguir quedando con él, por que siempre tiene que hacer algún comentario sobre “nosotros”, pero, ¿quién tiene que protegerle de las cosas que le hacen daño, él o yo?, y ni siquiera se si quedar conmigo le hace daño… Por lo menos he conseguido, al fin, con 33 añazos, entender que, para los tíos (y sin ánimo de generalizar), cuanto mas marimacho te comportas con ellos tratando de que vean en ti tan solo a un “amigote” mas, mas interpretas que quieres que te arranquen la ropa… y yo, si fuera creyente, me preguntaría “¡POR QUÉEEEEEE, DIOSSSSSSSSSSSS, POR QUEÉEEEEEEEEEEEEEEEEE!”, ¿es que no se puede tener un amigo sin que acabe mirándote como un filete de ternera sobre un plato?, incluso si te ven recién levantada, con legañas, en pijama, sin duchar… eso da igual.

He de decir en mi defensa, que ésta misma conversación ya la he tenido con Carlos y siempre dice lo mismo, que para cuidarse ya está el solito y que solo quedamos como amigos… pero permitidme que lo dude. Pero bueno, parece que ésta es una de tantas eternas polémicas. Lo único que me queda hacer es, según lo entiendo yo, dejar de aceptar planes con él mientras no seamos realmente amigos.

Como era de esperar, el domingo me levanté reflexiva y con pocas ganas de salir a la calle, pero me llamó una amiga de Luis con la que todavía hablo de vez en cuando y estuvimos charlando un poco de todo. Me contó cosas de él y la verdad es que me dio pena, es absurdo después de cómo se portó conmigo, pero me da pena. Él quería ser libre y, justo la chica con la que pretendía ir de la mano por las mil y una noches etílicas, es justo la que le ha puesto las cadenas. Es lo que tiene la vida.

El lunes, día de Navidad, amanecí con una nube gris sobre la cabeza, me esperaba una noche con mis padres de “repicapunto”, pero la cosa fue aún peor, mi madre se dedicó, desde las 4 de la tarde, a hacerme su ya conocida ANTITERAPIA, con su mejor intención, pero es que te dice unas cosas y de una manera que acabas yendo a la cocina, con cara de estupefacción, a coger el cuchillo mas grande y mas afilado. Y es que nadie como una madre para hacerte sentir insegura de todo, consigue que me tiemblen las canillas y que se me quede el espíritu mirándome como el gato de Sreck tratando de que mi voluntad ponga firme mi autoestima.

La velada navideña, tras ingentes cantidades de vino y comida, fue entre romántica y siniestra, es decir, mi madre tuvo a bien sacar las cartas de amor que le enviaba mi padre y que todavía no ha terminado de quemar en la chimenea de la casa del pueblo. Si, queridos míos, tuve que escuchar las confesiones íntimas, románticas y no tan románticas, de mis padres. Menos mal que no había sexo explícito, por que ya había localizado el cuchillo mas largo y mas afilado…

Me imagino que alguno de vosotros encontraréis la velada entrañable y emotiva, pero es realmente incómodo que tus padres te involucren en sus momentos mas íntimos, es casi como si te los encuentras haciendo el amor (cosa que, evidentemente y como no podía ser de otra manera, a mi me ha pasado… corramos un tupido velo).

Para terminar la noche y para seguir la rutina de todas y cada una de las visitas a casa de mis padres, insistieron en que me quedara a dormir, pero había sido ya demasiada dosis de realidad para mi pobrecita alma errante. Menos mal que nochevieja la pasaré con mis hermanas, sus respectivos machos alfa y mis sobrinos.

Aun así, sigo de muy buen humor, todo el mundo está de vacaciones, duermo media hora mas, no tardo nada en llegar al trabajo y, lo mejor de lo mejor, NO TENGO NINGÚN JEFE, NINGUNO!.