Este planeta tiene millones de habitantes y cada uno de ellos es diferente al otro, sin embargo, hay aspectos en los que todos seguimos una especie de patrones casi idénticos.
Bien es cierto que las diferencias radican, en muchos aspectos, en la manera en la que hemos sido configurados, aquél programa instalado por alguna suerte de administrador genético y que los meros usuarios no podemos cambiar. Esto es, la manera de sentir, el modo como interpretamos el mundo que nos rodea y cómo tratamos esa información.
Esto podría significar, con esfuerzo, dedicación y cierto conocimiento, tan solo que a unos nos cuesta mas que a otros por la pura lógica del programa, nada mas, y no sería necesario rasgarse demasiado las vestiduras, que con lo que han subido las hipotecas, saldría demasiado caro.
La vida es como un gran bufet, hay cientos de platos sobre la mesa. Puede que a mi me apetezca comer lo que mas engorda, aquello que me matará de un infarto, pero tengo la posibilidad de elegir, estamos la mesa y yo, nadie mas se va a terminar un plato, por lo que no hay competencia, aunque yo podría imaginármela y terminarme todo lo que esté a mi alcance para evitar que “los otros” puedan comer… y ni siquiera se lo que como, no se cómo sabe ni me importa.
La posibilidad de elegir no es baladí, pero conlleva, sobre todo al principio, una buena dosis de calma para poder observar, reconocer y hacer balance. Es una responsabilidad, pero no tenemos que dar cuentas a otros, solo a nosotros mismos, por lo que no tendría sentido el engaño.
Cuando has reconocido todos los platos que hay sobre la mesa, al menos un número suficiente de ellos, entonces estas en disposición de hacer el balance final y tomar una decisión.
Hoy elegiría el sushi, por que es un plato sencillo, el contraste de colores es muy llamativo, blanco limpio y carnoso, verde oscuro soñador y un tercer color según el tipo. Son solo tres ingredientes, pero añadiendo el punto justo de salsa de soja (mucha) y de wasabi (que me haga sentir viva, que pueda respirarme el mundo), se transforma en el paladar en una explosión de sabor, fuerte, intensa y con un punto picante. Una combinación que necesitaré toda la vida.
Será entonces cuando duerma a pierna suelta.
