A ver, yo no es que sepa mucho de estas cosas, pero se supone que no hay dos sucesos idénticos, ¿no?, entonces, ¿cómo demonios es posible que todas y cada una de las veces que me levanto del sofá, dejo el portátil encima de la mesita, me pongo de pié y SIEMPRE, pero absolutamente todas las veces, me enredo el pié con el puñetero cable de la batería y a puntito estoy de dejar mis dientes en el mueble de la esquina?.
Oye, que lo mismo la próxima no consigo reestablecer el equilibrio y acabo clavándome el pico en la frente. Quién sabe, a lo mejor resulta que así consigo una bonita trepanación triangular por la que dejo salir a los malos espíritus, entra el aire fresco y me convierto en una persona normal... ummm, no se, estoy por levantarme ahora para probar...
Bah, mejor me quedo aquí un rato y os cuento qué tal mi semanita.
Pues el lunes llegué a casa y recibí una llamada de mi hermana mayor,
- Holaaaaa (la había reconocido en el display).
- Joer, hace una eternidad que no me llamas.
- A lo mejor si cogieras el teléfono alguna vez o mirases las llamadas perdidas verías que te he llamado como medio millón de veces.
- ¿Qué tal tú?
- Puf, si te cuento mi semana... (bla blaaaaa, le cuento mi semana), y tú, qué tal?
- Madre mía, lo que no te pase a ti... Buehh, pues resulta que hemos hablado con la profe del pequeño y dice que tiene que hablar con nosotros (.... me cuenta la historia)
- Jopé...
- Así que nada, estaba pensando que por qué no hacemos un suicidio en masa.
- Pues por que las madres y las que tenemos gatos no podemos suicidarnos, dejaríamos sola a nuestra prole.
- Ya, por eso lo del suicidio en masa, nos los cargamos a todos y luego nos suicidamos.
- Yo paso, no me apetece ver morir a mis bichos y los morreadores me echarían de menos.
- Pff, entonces nada.
- Ya hablamos, un beso, no te suicides que me da pereza tener que ir a vuestro entierro.
- Bueno, un beso.
Cuelgo y llamo a mi amiga Natalia, que le he comprado una semilla de olivo para cuando nazca su bebé, algo simbólico... y me moría de ganas de contarle que no podía contarle lo que le había comprado. Pero cometí un grave error.
Me cogió el teléfono su marido, ella estaba en el baño, y cometí el imperdonable error de preguntarle "qué tal el trabajo?", por que me lo contó, vaya si me lo contó... DOS HORAS, no exagero, DOS HORAS como una ametralladora sin parar de despotricar... y yo solo acertaba a decir "Antonio, por dios, que Natalia se ha debido suicidar (estaba yo con lo del suicidio en la cabeza, esta vez pensando en llamar a mi hermana y decirle, VENGA), pasame con ella... Pero no, no me pasó con ella sin antes haberme hecho un buen rato de "antiterapia".
Me dice el tío que ya me estoy haciendo mayor, que a ver si me creo que voy a encontrar al hombre que me estoy imaginando, que tengo que bajar el listón y conformarme con un chico ya calvete, feucho, un buen tío como él, algo machistilla, que me saque a pasear los domingos. Es que tú eres un poco "alternativa" joaninha, y ya somos mayores para esas cosas...
Así me dieron las 22:30 de mi primer día de trabajo tras las vacaciones. Como una buena persona mantuve la calma y le acaricié el pelo a ese monstruo que me estaba creciendo dentro. Me fui a la cocina, metí unas palomitas en el microhondas, cogí el chivas de la cesta de navidad, me puse un vaso con hielos, vertí el preciado licor y le añadí sprite, si... me fui al sofá, puse la tele y me puse morada de palomitas con mi whisky en la mano. No podía hacer otra cosa.
Pero el miércoles quedé con una amiga y me presentó a un chico italiano muy interesante y muy atractivo, así que sentí un alivio enorme al ver que existen otros modelos de hombre y que no voy a tener que huir del pais para no acabar mis días como presagiaba Antonio.
Por que si no, tendría que llamar a mi hermana.