Carlos me gustaba, es muy alegre, enérgico, positivo, divertido, inteligente, cariñoso... aunque no estaba enamorada de él, pensé que sería genial que quedásemos a ver qué pasaba.
He de reconocer que pasé con él momentos increíbles, me divertí muchísimo, hicimos montones de cosas, pero no llegué a enamorarme, sencillamente, para mi era un amigo muy especial, alguien con quien sentía una empatía que solo he sentido con un par de personas. Sin embargo para él, bastó para sentir algo mucho mas profundo. Nuestros sentimientos son dos líneas que no convergen en ningún punto.
Para resumir, lo que querría escuchar el día de mi muerte sería algo como el poema de W. H. Auden "Funeral Blues", por que yo soy así, exagerada en todo, y eso es lo que querría, alguien que sintiera las cosas con la misma intensidad que yo y que nunca tuviera miedo de expresarlo, mientras tanto, no merece la pena conformarse con menos.
"Parad todos los relojes, cortad los teléfonos,
impedid, con un jugoso hueso, que el perro ladre,
callad los pianos y, con un apagado tamborileo,
mostrad el ataúd, dejad que las plañideras se acerquen.
Que los aviones hagan círculos, gimoteando, sobre nosotros,
garabateando por el cielo el mensaje: Él ha muerto,
poned crespones en los cuellos blancos de las palomas,
dejad que los guardias de tráfico porten guantes de algodón negros.
Él fue mi Norte, mi Sur, mi Este y mi Oeste,
mi semana de trabajo y mi descanso dominical,
mi amanecer, mi medianoche, mi voz, mi canción;
pensaba que el amor duraría siempre: estaba equivocado.
No se desean ahora estrellas: apagadlas una a una;
olvidaos de la luna y desmantelad el sol;
lejos verted el océano y barred el bosque.
Pues ahora de ninguna manera pueden traer nada bueno."