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jueves, 13 de diciembre de 2007

Guarrerías y cochinadas.

Este es el post sobre "el asco", patrocinado por mi gato que persigue atentamente el cursor... qué pesao!

Bien, la cosa surge por que el lunes, tras meses y meses de pereza e indecisión, decidí lavar el coche. Esta es una tarea que siempre me acarrea alguna desgracia, así que procuro dejarlo hasta que las puertas se quedan pegadas y me cuesta tener que poner el pié para poder abrirlas.

Pues bien, como ya viene siendo costumbre, el martes por la mañana, 6:50 A.M, me dispongo a echar un vistazo superficial al estado general de mi pobrecito coche recién rescatado de los doscientos kilos de mugre cuando mis ojos reparan en un gigantesco gapazo VERDE en toda la ventanilla trasera. En ese momento respiro hondo intentando controlar un ataque de ira y llanto, espero unos segundos ahí parada, contemplando la "obra de arte", a las seis de la mañana, consigo articular palabra y le comento a mi compañero de trabajo mi incomodidad ante semejante situación:

- PERO QUIÉN @#@~€%&% SE LE PUEDE ACUMULAR SEMEJANTE CANTIDAD DE @#~€@€¬ Y TIENE QUE VENIR HASTA MI COCHE A DEPOSITARLO AMABLEMENTE!!!!"!!!!, PERO QUÉ PEDAZO DE @#|@#~~@#| QUE SE LEVANTA A LAS 6 DE LA MAÑANA SOLO PARA ESCUPIR....

El resto está censurado.

Mi compañero, tras reírse de mi desgracia un rato, me dijo lo obvio, "por qué no coges un cleenex y lo limpias?", a lo que tuve que contestar "antes me corto la mano que acercarme a ESO"... y es que mi problema de los mocos viene de un trauma juvenil. Estaba yo una bonita tarde de verano charlando desde una cabina telefónica con mi amigo Guillaume, creo recordar, embebida yo en mi conversación y con el sumo despiste que me caracteriza, me puse a juguetear con las cositas que había a mi alcance, en eso, se me ocurrió aplastar con mi dedo la silicona verde que unía una plataforma vertical con una horizontal... pero la silicona cedió, blanda y húmeda, al sutil ímpetu de mi dedo... era un pedazo de escupitajo con sorpresa, si... lo era... así que mis ojos se abrieron veinte centímetros de diámetro, colgué el teléfono, y con mi dedo índice cuál E.T corrí a mi casa a lavarlo una y otra vez con un cepillito hasta dejarlo rojo como un tomate, pero la huella que aquello dejó en mi alma, no se ha borrado todavía. De hecho, os lo estoy contando y no puedo evitar frotarme el dedo contra el pantalón... ay...

En otra ocasión, salíamos mi ex y yo en nuestro flamante coche nuevo de la gasolinera de dejarlo limpito y brillantito, tan contentos los dos, cuando nos dimos cuenta de que en el coche que iba delante de nosotros algo no andaba bien, hacía movimientos raros. Repentinamente, se abre la ventanilla de atras y asoma una hermosa cabeza masculina que tuvo a bien echar una pedazo de pota enooooooooorme que fue a caer, directamente, a la luna delantera de nuestro flamante coche.

Tengo muchas mas historias dramáticas de los lavados de coche, pero me tengo que ir a lavar el dedo...